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martes, 21 de abril de 2015

Libro: "El año que duró dos segundos" de Rachel Joyce

¡Saludos, personajes!

Esta mañana, para mi sorpresa, estoy mucho mejor de salud y he podido terminar de leer el libro que me trae hoy aquí. Y tan "bien" me siento, que he decidido reseñarlo a mi manera. Eso sí, seré breve porque no quiero que este estado de calma se vea empeorado de ninguna manera, tengo que seguir guardando reposo. Así que, ¡al lío!


En primer lugar, este es uno de los libros que saqué recientemente de la biblioteca tras haber leído una reseña del mismo en otro blog. Tanto me gustó lo mágico de la sinopsis, que no pude evitar hacerme con él al día siguiente. Os vuelvo a copiar lo que en su día dije en Ratita de biblioteca:

La divergencia entre la hora solar y la hora atómica obliga a ajustar los relojes de todo el mundo cada tantos años. La corrección, que consiste en detener las agujas uno o dos segundos, da pie a una duda de orden filosófico: esa fracción de tiempo ¿existe o es ficticia? ¿Son reales las cosas que suceden justo en esos breves instantes? En esta curiosa paradoja se ha inspirado Rachel Joyce —autora del gran éxito El insólito peregrinaje de Harold Fry— para escribir su segunda novela, en la que narra con maestría el desmoronamiento de una familia, iluminando los rincones más oscuros de las vidas de los personajes en busca de la verdad emocional, hasta culminar en un sorprendente desenlace.

El conjunto de la sinopsis, la falacia temporal de la que parece partir la historia y el título tan llamativo de la obra hacen que quieras leer este libro enseguida, que hasta lo necesites. El refrán dice lo de juzgar a los libros mencionando sólo la portada y creo que su significado debería encerrar también esos otros elementos externos al propio texto que hacen que valores la posible lectura o no de un libro. Por tanto, sinopsis, título y demás elementos previos y ajenos al texto en sí, deberían también meterse en este mismo saco lleno de prejuicios, porque al final, que disfrutemos más o menos de una obra va a depender de nuestra experiencia personal, de nuestra propia vida o del momento en el que leamos. Y digo todo esto porque mis sentimientos hacia esta obra son varios y muy opuestos, he ido experimentando subidas y bajadas a lo largo de las más de 300 páginas y mi sensación final ahora es un tanto agridulce y la culpa la tienen todos estos elementos previos porque de alguna manera es como si me hubieran engañado, han nublado un poco mi juicio. Eso sí, no quiero decir con esto que éste sea un libro malo o que no os vaya a gustar. De hecho, a mí no me ha disgustado, pero me ha dejado sintiendo que faltaba algo.

Vamos a empezar por lo bueno, que lo hay. Este es un libro con una tremenda carga emocional y que cuenta todo lo que sienten sus personajes de una manera que atraviesa el papel y te empapa con esas mismas sensaciones. He sabido al terminar la lectura, pues hay una nota de la autora, que Rachel Joyce se basó en muchas experiencias personales para convertirlas en vivencias de sus personajes. Con razón lo describe todo tan bien, el color, el aire que se respira, lo que pasa por la mente de los personajes. De verdad, me ha tenido en todo momento sintiendo casi lo mismo que los protagonistas. Por ejemplo, el niño protagonista, Byron, pasa mucho tiempo angustiado y preocupado por su madre y lo que tanto ella como él han hecho. Toda esa angustia también ha formado parte de mí mientras leía, con lo cual en este sentido, esta obra es de 10 porque como lector parece que abandones tu lugar de lectura y camines por entre los lugares donde se desarrolla la historia, sin leerlos, sino viéndolos con tus propios ojos. 

Precisamente porque la historia te envuelve, éste es un libro de esos que se devoran fácilmente. A mí me ha durado dos días, no consecutivos, eso sí, porque he estado enferma y no he tocado el libro durante un día entero, pero al retomarlo ha volado. Por lo tanto, si por curiosidad os atrevéis con esta obra y resulta que no os termina de gustar, tan sólo habréis perdido un día y medio de lectura y habréis sacado mucho partido de lo bueno que tiene, sobretodo si os gusta escribir. 

Me dejo muchas cosas buenas que contar, pero tendría que revelar cosas de la obra y ahora mismo no me siento con fuerzas de hacer algo más largo, así que voy a pasar directamente a lo malo de la obra. Para mi gusto, la autora se pasa más del 80% del libro contándonos una historia que, además de no llegar a buen puerto, no cerrará del todo algunos de sus aspectos más importantes. Sí, lo principal se resuelve, pero los personajes secundarios que en ocasiones se han adueñado de todo el protagonismo no han tenido un cierre que yo considere adecuado. Necesitaba saber más, pues éste es un libro que habla de la culpa, de lo miserables que nos sentimos segundos después de saber que hemos cometido un error. Para mi gusto, el personaje secundario del que hablo también había cometido un grave error, bueno, varios, y no veo su reconocimiento de culpa por ningún lado. 

Resumiendo, me he visto sumergida en el entorno de los protagonistas con mucha facilidad, he sentido su dolor, he sufrido la misma rabia e impotencia que algunos de sus personajes, pero al final creo que me he centrado demasiado en una historia que acaba de una manera agridulce y que, para mi gusto, se deja sueltos unos cuantos cabos importantes. O será que la vida es así, que a veces esperamos que los demás también reconozcan sus errores al igual que lo hacemos nosotros y eso no sucede. 

Y es que en el fondo esta historia es una de expiación por los errores cometidos. Una cadena de actos bienintencionados desembocan en el sufrimiento de todos y en errores que ya no pueden deshacerse. Todo parte de la curiosidad de dos niños de los años 70, obsesionados con esos dos segundos de más que se iban a añadir al tiempo. Tanto se obsesionaron que hasta creyeron ver cómo sus relojes se detenían esos dos segundos, pero no se dieron cuenta de que durante ese tiempo la vida continuó y eso les cambió para siempre. Y lo mismo os digo a vosotros, lectores, si leéis este libro podréis luego juzgarlo con mayor o menor benevolencia, pero lo que sí es seguro es que esta historia os cambiará también.

¡Hasta el próximo post!

lunes, 23 de marzo de 2015

Ratita de Biblioteca #006

¡Buenos días!

Esta ratita ha estado esta mañana en la biblioteca estudiando y, de paso, ha sacado unos cuantos libros para traérselos a casa. He aquí mis adquisiciones de hoy:


-Los archivos de Batman, Bob Kane
Los archivos de Batman presenta los primeros cómics de Bob Kane, protagonizados por el señor de la noche, en la que seremos testigos de momentos como la primera aparición de Batman y Robin, y presenciaremos la evolución gráfica del hombre murciélago. 

-El año que duró dos segundos, Rachel Joyce
Este me encantó cuando ayer leí esta reseña en el blog Libros que voy leyendo

La divergencia entre la hora solar y la hora atómica obliga a ajustar los relojes de todo el mundo cada tantos años. La corrección, que consiste en detener las agujas uno o dos segundos, da pie a una duda de orden filosófico: esa fracción de tiempo ¿existe o es ficticia? ¿Son reales las cosas que suceden justo en esos breves instantes? En esta curiosa paradoja se ha inspirado Rachel Joyce —autora del gran éxito El insólito peregrinaje de Harold Fry— para escribir su segunda novela, en la que narra con maestría el desmoronamiento de una familia, iluminando los rincones más oscuros de las vidas de los personajes en busca de la verdad emocional, hasta culminar en un sorprendente desenlace.

-El jardin de senderos que se bifurcan y otros relatos, Jorge Luis Borges
Yu Tsun, espía y protagonista de la historia, debe cumplir una misión para los oficiales alemanes (en realidad a él no le importa este país bárbaro, que lo ha obligado al espionaje). Acosado por el implacable capitán Richard Madden (un irlandés a la orden de Inglaterra, que fue acusado de traidor y busca ahora compensar su error con la captura de dos agentes del Imperio alemán; era el portador de la orden de arresto del espía prusiano Viktor Runeberg, a quien hirió de muerte en defensa propia), huye buscando al sabio sinólogo Stephen Albert, con un propósito que solo se revela al final. 

-Buenos presagios, Terry Pratchett y Neil Gaiman
Según Las Buenas y Acertadas profecías de Agnes la Chalada Bruja (el único libro fiable de profecías, escrito en 1655, antes de que ella explotara), el fin del mundo tendrá lugar el sábado. El próximo sábado, para ser exactos. Justo antes de la hora de la cena. Los ejércitos del Bien y del Mal se están agrupando, la Atlántida está resurgiendo, llueven sapos y los ánimos están algo alterados así que... todo parece ajustarte al Plan Divino. De no ser por un ángel quisquilloso y un demonio buscavidas que han vivido a costa de los mortales desde el comienzo de los tiempos y que no están dispuestos a aceptar tan fácilmente eso del “Fin de la civilización tal y como la conocemos” . Y... ¡vaya por Dios! ¡Parece que alguien ha hecho desaparecer al Anticristo!

-Hombre de armas, Terry Pratchett
Decimoquinta entrega de la serie Mundodisco, un planeta habitado por seres estrafalarios. Esta vez, Pratchett parodia la novela de detectives. Un enano y un payaso aparecen asesinados; sin embargo, en el gremio de asesinos no se ha pagado a nadie por estas muertes. El Cabo Zanahoria y sus compañero s deberán resolver el caso.

¡Hasta el próximo post!