lunes, 18 de enero de 2016

Cine en casa #3

Durante estas fiestas navideñas me he pegado auténticos maratones de cine y tengo mucho que decir sobre algunas de esas películas, pero de momento hoy voy a hablar de las más familiares y/o más acordes con las fechas en las que estábamos. No son nada del otro mundo, pero me apetece escribir sobre ellas.



Un padre en apuros (1996)

Recuerdo la enorme publicidad que le dieron a esta película en su día. Las revistas de niños que compraba entonces llevaban todas reportajes o páginas anunciándola. Los cines que había cerca de mi casa la ponían, recuerdo los carteles. Pero nunca llegué a ver la película... hasta ahora. Creo sinceramente que me habría gustado más entonces que en la época actual, pues hay cosas en ella que me desesperan y hasta me indignan, pero tampoco es una mala película. Además, el niño protagonista es el que encarnó después a Anakin Skywalker de niño en La Amenaza Fantasma y resulta un poco divertido verlo aquí siendo más pequeño aun.

La peli va de un padre que se pasa todo un día yendo a todas las jugueterías de la ciudad en busca de un muñeco que quiere su hijo. Ese padre no es otro que Arnold Schwarzenegger y ha decepcionado tantas veces al pobre niño que no puede fallar con este muñeco, lo necesita. A partir de ahí tenemos la típica comedia de chascarrillos tontos, golpes absurdos y caídas muy zompescas. Y no os equivoquéis, resulta bastante entretenida y se hacer ver, pero hay una cosa en la película que me falla estrepitosamente: su villano. Ese personaje antagonista es otro padre que también anda detrás del muñeco y que llega a hacer verdaderas temeridades para conseguirlo, pasándose tres pueblos y convirtiendo el final de una agradable película en uno de los de cabrearse y tirarse de los pelos.

Llegados a este punto y siendo la peli que es, me vais a permitir que os la spoilee y os cuente qué es eso que me resulta tan chirriante. Veréis, imaginaos en familia viendo Un padre en apuros, con niños pequeños de por medio. De pronto véis cómo en la pantalla un adulto, padre de familia para más inri, persigue al hijo del protagonista por una azotea para quitarle su muñeco. El niño resbala y cae, consigue agarrarse con una mano a una barra y se queda colgando. Es el momento perfecto para, en esta cinta familiar y navideña, hacer las paces con el villano y que éste muestre algo de bondad porque el momento es muy tenso y peligroso. Pues no, el colega se lanza al vacío, se queda colgado junto al niño y forcejea para quitarle el muñeco, importándole tres mierdas que el niño (¡un niño, por dios!) se caiga al vacío. No me creo la escena y me parece muy absurda. Me la cuentas en tierra firme y me la puedo creer, pero me la cuentas en una situación tan peligrosa para un menor y viniendo de manos de otro padre y solo puedo echarme las manos a la cabeza. Si ambos padres hubieran rivalizado durante toda la película pero luego el que comete todas esas insensateces hubiera sido otra persona, no sé, un adulto sin hijos y coleccionista de juguetes, pues quizá no me habría molestado tanto. Pero ver cómo otro padre le hace eso a un niño, no me resulta ni creíble ni correcto.

En fin, probablemente no me haya expresado con claridad y sé que actos tan negligentes los hay a puñados en otras muchas pelis de esas que hemos visto de pequeños (en Solo en casa, ¿qué clase de padres olvidan a un niño cuando se van de viaje?), pero es que Un padre en apuros la acabo de ver ahora y es ahora cuando la veo con unos ojos que no perdonan ese tipo de tonterías absurdas. Ya me contaréis si os pasa lo mismo con esta u otras películas. Si queréis ver esta, hacedlo en Navidad, que es cuando más receptivos estamos con películas tan tontas como esta.



Llámame Claus (2001)

Gracias a esta película me he propuesto un reto cinéfilo para este año: verme todas las pelis de Whoopi Goldberg. Es más, pienso verlas en orden cronológico y volver a tragarme este pedorro de película otra vez. Porque sí, siendo sinceros, esta peli es una tontería supina y creo que Whoopi tiene comedias que, aunque sean un poco desquiciantes, son mucho mejores que este bodrio navideño.

Resulta que el personaje de Goldberg acude de niña a ver a Santa Claus al centro comercial y le pide que su padre vuelva a casa porque está sirviendo en el ejército. Minutos más tarde la familia recibirá la noticia de la muerte del padre, pero mientras la niña está con Santa Claus (que resulta ser el verdadero, no uno a sueldo) y éste le pone su gorro en la cabeza, saltan chispas. La niña es una firme candidata a ser Papá Noel cuando éste se retire tras 200 años de servicio. El caso es que pasan los años, a Whoopi Goldberg se le ha agriado un poco el carácter desde la muerte de su padre y llegamos a la Navidad en que Santa Claus debe jubilarse y necesita pasar el relevo al próximo. Todos los candidatos de su lista no están, tan sólo le queda una última esperanza en aquella niña que ahora ha crecido y es una adulta un poco pasota y que ha dejado de creer en la Navidad. Si ella no acepta el cargo, el Polo Norte se derretirá y la Tierra sufrirá una gran destrucción. Sí, todo lo que acabo de contar aquí es de verdad el argumento de la peli. Si os parece lo suficientemente rocambolesco como para sentir cierta curiosidad y verla, adelante, entretenida es, pero sólo un poquito, da más vergüencita que otra cosa. Realmente no os vais a perder nada del otro mundo, es una peli de Whoopi Goldberg totalmente prescindible, aunque no para mí, que ya os he dicho que haré maratón completo y repitiendo con Llámame Claus.



Absolutamente todo (2015)

Me estoy acordando de un post también de cine visto en casa en el que argumentaba que el solo hecho de que saliera Simon Pegg en una película ya era motivo suficiente para verla. Pues resulta que no, porque esta cinta que él protagoniza fue un fiasco enorme, desde mi humilde punto de vista, y se hace muuuuuuuuy cansina de ver. Tanto es así que creo que el final de la película lo fui pasando rápido para que acabara cuanto antes mi sufrimiento.

La peli va de un grupo de alienígenas, que no son otros que los Monty Python (sólo las voces), que le otorgan poderes a un humano para ver si los gestiona bien y entonces la raza humana merece ser salvada o si, por el contrario, los usa en su propio beneficio sin importarle los demás y entonces los aliens destruirán la Tierra. Esos poderes le permiten hacer lo que quiera, cualquier cosa, absolutamente todo como reza el título de la película. Y al principio resulta entretenida, pero luego no sé muy bien por qué dejé de prestarle atención a la cinta, me estaba aburriendo. Por eso poco más os puedo decir de ella, porque mi mente lo ha borrado todo por completo. Lo único que os puedo decir a modo de referencia es que en Filmaffinity tiene de media un 5'3 y en IMDB, un 6. Eso sí, me duele enormemente tener que escribir estas líneas, porque la peli es de Terry Jones y me suele gustar mucho todo lo que hace, pero estaría faltando a la verdad si dijera que me gustó. No empieza mal, pero no hay nada que luego me enganche y se me hace pesada.



Las aventuras de Tadeo Jones (2012)


Esta película es de las que más me han sorprendido. Si os soy sincera, no esperaba nada de ella, ni una buena historia, ni unos gráficos maravillosos ni nada de nada. Tenía muchísimo prejuicios fruto de la poca confianza que a veces deposito en la animación española, lo confieso. Sin embargo, en este caso me he tenido que callar la boca porque de Tadeo Jones me ha gustado mucho todo, animación e historia incluídas. No es que sea nada del otro mundo, pero es muy disfrutable. Os la recomiendo porque, aunque ciertamente es una película para niños, tiene algunos puntazos muy buenos que divertirán también a adultos.

Para empezar, Tadeo no es el Indiana Jones que todos estamos pensando. Sí, le gusta la arqueología, pero no tiene madera de héroe, al menos no a priori. Es más bien un poco pringado. Pero es imposible que no pensáramos en ese otro personaje viendo los carteles de Tadeo Jones, las pintas que lleva él, el ambiente aventurero y arqueológico que tiene todo y, sobretodo, el apellido que le han ido a poner al protagonista. Salvo eso, realmente Tadeo no tiene nada de Indiana Jones, como decia antes.

El caso es que casi sin quererlo se verá inmerso en una aventura en Cuzco junto a su perro, un loro que habla con carteles y una hermosa joven, hija (o nieta, no recuerdo ahora) de un importante historiador y arqueólogo. Se les unirá un peruano, vendedor ambulante para más señas, doblado por el genial José Mota, que será uno de los puntos más fuertes de humor de toda la película. Habrá también un villano cuya ambición le hará ser muy malo, pero también le hará fracasar. En definitiva, la película está llena de clichés de este tipo de historias, pero repito que no por ello es menos disfrutable. Si le tengo que poner una pega enorme a la peli es la canción del final de Juan Magán, que no es que me disguste, pero no me pega absolutamente nada en esta película. En fin, que si un día encontráis un hueco y no tenéis nada mejor que ver, podéis echarle un vistazo. No es la repanocha, pero tampoco está nada mal.

¡Hasta el próximo post!

domingo, 17 de enero de 2016

Mi propio pequeño país #90

Mientras termino de ver Big Hero 6 para poder escribir un post sobre las (injustas) nominaciones a los Oscar el año pasado en la categoría de animación, os dejo las viñetas de hoy. Espero que os gusten. Y atentos al blog que esta semana habrá mucha actividad.



















 Traducción: -Para mi primer truco /Diurekazam!! / -Para mi truco número 2
Nota: esa es la vejiga






 Traducción: Lo que parece / Cómo se siente/ "Acaba de hacer caca" -Lo siento mucho









 Traducción: -Oh, sí, parece pequeño pero sorprendentemente tiene un interior muy espacioso


Traducción: Cuando una pila de verdad se siente NO incluída


¡Hasta el próximo post!

miércoles, 13 de enero de 2016

Regreso a Hogwarts #1 - Harry Potter y la piedra filosofal


Comienzo hoy a escribir el primero de varios posts sobre Harry Potter. De nuevo he empezado a releer la saga entera y, tantas son las emociones que me producen ahora los libros, que me veo en la obligación de venir aquí a contaroslas. 

Regreso a Hogwarts por enésima vez, pero esta vez conociendo la suerte que finalmente corren los protagonistas. Habré leído La piedra filosofal como cinco veces, pues recuerdo que a partir de La Orden del Fénix, con cada libro nuevo que se publicaba volvía a comenzar la saga para refrescar la historia en mi memoria de pez. Cada una de esas relecturas me produjo emociones diferentes, pues siempre descubría algún nuevo detalle que antes me había podido parecer irrelevante. La de ahora es tan emocionante como las otras, pero esta vez ya conozco el final de todo y no puedo evitar entristecerme o alegrarme con ciertos detalles. Quizá en un futuro, cuando los vuelva a releer (porque sí, lo volveré a hacer) me aporten nuevas cosas y mis sentimientos sean otros para con ciertos aspectos, pues siempre va a haber momentos mágicos, nunca mejor dicho, y alguna que otra crítica negativa. En fin, no me enrollo más, volvamos ya a Hogwarts, el lugar más emblemático de esta fantasía creada por J.K. Rowling, y veamos cómo es esa primera incursión en el mundo de la magia.


Algo extraño está sucediendo en Privet Drive. La presencia de un gato que da muestras de pensamiento racional y la aparición de un anciano ataviado con extrañas ropas hacen que esta noche no sea como las demás en este barrio. En el número 4 de la calle, la familia Dursley duerme sin saber que su vida está a punto de cambiar para siempre. El cabeza de familia, Vernon, ha presenciado cosas muy extrañas a lo largo del día, gente vestida con túnicas ha salido a la calle como celebrando algo. Es en este marco de breves pinceladas de rareza, donde J. K. Rowling empieza a abrir huecos en nuestra visión del mundo para mostrarnos que la magia también está a nuestro alrededor. Sin embargo, lo peor de abrirnos la mente es que nos convierte a todos en muggles, nos enseña algo que nunca podremos ser. Son las dos caras de una misma moneda, pero ¡qué moneda!

Lo mejor de Harry Potter y la piedra filosofal es el principio, esa parte en la que conocemos a Harry, un muchacho huérfano y maltratado por sus tíos, y vamos descubriendo a la vez que él todo ese mundo mágico. Como él, nos mostramos curiosos y extremadamente sorprendidos al visitar lugares como el Callejón Diagón, Gringotts y, en última instancia, Hogwarts, el colegio de magia y hechicería y sus infinitos misterios. He visitado esos lugares montones de veces gracias a los libros y las películas, pero todas conservan esa sorpresa y curiosidad iniciales, el disfrute no sólo no disminuye, sino que según nos pille puede aumentar.


Una vez dentro del colegio, comenzará una magnífica segunda parte en la que, además de ir uniendo las piezas del puzzle que se nos plantea, el del misterio de la piedra filosofal, iremos conociendo cómo estudian los niños que tienen la suerte de estar en ese colegio. Nada tiene desperdicio. Bien podría Rowling escribir un capítulo entero sobre cómo hacer un hechizo de levitación que lo íbamos a leer con la boca abierta y sin aburrirnos. Embobados, esa es la palabra. Así estamos con cada detalle que nos va brindando la autora, desde cosas simples como los fantasmas que merodean por el colegio, los cuadros que se mueven, las ranas de chocolate, el ajedrez mágico, etc; hasta grandes detalles como el quidditch, el espejo de Oesed, el Bosque Prohibido, o la terrible historia del mago oscuro Voldemort y el miedo que infunde su nombre. De verdad, me estoy emocionando al recordar todos esos detalles, este libro es un diamante en bruto a pesar de ser tan cortito y de tener un misterio que se resuelve de manera un tanto atropellada y pueril desde mi punto de vista. De este último aspecto hablaré luego, pero lo que quiero manifestar ahora es que esta primera entrega de la saga tiene concentradas muchas cosas que veremos más y mejor desarrolladas a lo largo de los demás libros.

He mencionado a Voldemort, protagonista indiscutible de la saga junto al propio Harry, pero un personaje que se me antoja un tanto secundario en La piedra filosofal. Sí, se habla muy por encima de cómo tiranizó el mundo de los magos y, sobretodo, se nos da una pequeña explicación de cómo cayó vencido la noche que quiso matar a Harry y no lo consiguió, pero luego Voldemort no aparece hasta el final y tampoco es que su intervención sea demasiado reseñable, aunque eso es culpa de la manera tan rápida en la que Rowling acaba este libro. El peso del villano recae casi todo el tiempo sobre Snape por las sospechas que tienen de él, aunque luego se demuestre que en realidad era Quirrel, pero creo que Voldemort realmente aquí es sólo un nombre que infunde terror entre los magos pero, al igual que Harry, poco sabemos de él de momento. En otras palabras, lo único reseñable de Voldemort es su propio nombre, pues en el pavor que desprenden los demás ante su sola pronunciación podemos ver que se trata de algo muy muy serio y chungo de lo que esperamos saber más en futuras entregas de la saga.

Otro personaje que destaca muy por encima de los demás en este libro es Dumbledore. De él se dice que es uno de los magos más poderosos, si no el que más. También se dice que es el único a quien Voldemort teme. La primera vez que Harry lo ve en persona (pues antes ya había oído hablar de él y había visto una foto en el cromo de la rana de chocolate que compra en el tren) es en el Gran Comedor durante la ceremonia inaugural del curso. Ahí ya le infunde cierto respeto a Harry. No volverá a verlo hasta la noche en la que descubre el Espejo de Oesed, momento en el que tanto a Harry como a mí se nos revela como alguien que encierra muchos misterios. Y si la memoria no me falla ahora, saldrá de nuevo en el final del libro, cuando Harry esté en la enfermería, intervención que me ha llamado poderosamente la atención y de la que más tarde hablaré. Por cierto, me reservo también para después una de las cosas más tronchantes tanto de los libros como de las películas, los pucherazos de Dumbledore.

Para terminar de hablar de personajes, no puedo dejar de hablar de los alumnos de Hogwarts, en especial del trío de amigos protagonista y de su archienemigo Draco Malfoy. Cualquier niño o adolescente que comience a leer La piedra filosofal, además de disfrutar de lo lindo con todos los detalles de este mundo mágico, enseguida empatizará con Harry, Ron y Hermione porque realmente en este libro no se alejan mucho de la edad de ese tipo de lector y son igual de novatos que éste en lo que a magia se refiere, por lo menos Harry y Hermione. Pero al igual que los protas del libro, el lector aprenderá rápido y el disfrute irá in crescendo. Por tanto, todo un acierto por parte de Rowling el tratar de captar a un público más juvenil desde un principio. Ya vendrán libros más oscuros, pero creo que, al igual que los protagonistas, los lectores también crecerán y se harán lo suficientemente maduros para afrontar la cruda realidad. La vida es así, tanto la real como la de esta saga.


Volviendo de nuevo a la historia, sobre el final he de decir que quizá es lo que menos me haya gustado de este libro. Como ya he dicho, Rowling lo resuelve todo de una manera demasiado rápida. De un plumazo nos quitamos el enfrentamiento con Voldemort porque Harry se desmaya y nosotros con él. Cuando volvamos a abrir los ojos estaremos en la enfermería y entonces se terminarán de cerrar todos los frentes que abre esta historia con una breve explicación de Dumbledore llena de omisiones, pero con detalles con los que relamernos si ya tenemos la ventaja de saber todo lo que vendrá después. Harry tiene muchas preguntas y Dumbledore le avisa de que no podrá contestárselas todas, al menos no completamente, y que si hay algo que no debe saber, entonces no se lo dirá porque no quiere mentirle. Pues bien, entre las muchas preguntas y respuestas hay una que me llamó mucho la atención y me hizo pensar que era una mentira, pero luego lo pensé y es posible que no fuera así como imaginé a priori. Me explico. Es cuando Harry le pregunta por Snape, pues cree que éste le odia. Entonces Dumbledore le dice que no le odia, lo que pasa es que odiaba al padre de Harry, James Potter, porque le había salvado la vida y por eso, al sentirse en deuda con él, había tratado de salvarle la vida a su hijo durante todo el curso al darse cuenta de que Quirrel no era de fiar. Pensé que esto era una mentira y encima muy grave si el director del colegio le había dicho al principio que no le iba a mentir. Pero entonces recordé que Snape no le confiesa lo de Lilly a Dumbledore hasta varios cursos después, creo que cuando Dumbledore tiene la mano negra por el anillo-horrocrux que se pone en el dedo. Vamos, que me colé, pero ¿veis? por eso precisamente estoy disfrutando la relectura de la saga, porque puedo debatir conmigo misma sobre muchos detalles que en una primera lectura se pasan por alto.

¡Ah! ¡Los pucherazos de Dumbledore! Por muy mal que nos caigan los de Slytherin (aunque en este libro no destacan tanto como malvados como en otros, solo cuando se enfrentan a Gryffindor en el partido de quidditch y ni aun así quedan como la mala gente que en realidad son en general) lo que no se puede hacer es cometer la tremenda injusticia que perpetra el director del colegio cuando les hace perder la Copa de Casas al final del libro. Sí, dándole puntos a Harry y Hermione, está en realidad devolviendo a Gryffindor los puntos que le fueron sustraidos cuando una vez fueron pillados por los pasillos a medianoche. Y vale, a Ron también le da la misma cantidad de puntos porque también ha defendido la piedra filosofal, pero con esto empatan a puntos las dos casas. El tongazo viene cuando Dumbledore se saca de la manga una cantidad de puntos ridícula para Neville Longbottom. Chico, si le vas a premiar, dale la misma cantidad que a los otros tres y así no canta tanto la Traviatta. Pero dándole menos y alegando algo que me parece tan pobre, pone de manifiesto un trato de favor horrible hacia la casa Gryffindor. ¡Pero que es el director del colegio! ¿Qué mensaje le está lanzando a todos esos alumnos de Slytherin que se han ganado todos esos puntos a lo largo del curso haciendo méritos? Es injusto a todas luces. Habría quedado mucho mejor si por premiar a los tres de la piedra filosofal llegan a empatar y por primera vez se comparte el premio, o si con los puntos que les da Gryffindor no alcanza la victoria pero les alegra saber que la han rozado y el curso que viene tienen que esforzarse más. No sé, cualquier cosa menos un tongazo que haga que un cuarto de alumnos del colegio se vuelva a sus casas con mal sabor de boca y maldiciendo con razón. Lo mejor/peor de todo esto es que se volverá a repetir en otros libros, por eso me hace tanta gracia y lo denuncio.


Me he ido por las ramas, hace dos párrafos estaba hablando del final y me he entretenido con los detalles. Pero ahora sí, retomando lo del final, para mí este libro resuelve su misterio, el de la piedra filosofal, de una manera acelerada y, además, un tanto inverosímil e infantil. Probablemente estos no sean los adjetivos que mejor definan lo que opino, así que me voy a explicar. Creo que este es un libro juvenil en toda regla, sigue unas pautas marcadas por este género, tales como el ir dejando pistas o detalles muy evidentes que luego formarán parte de la resolución del misterio principal. Además, dicha resolución será posible porque el trío protagonista reúne unas cualidades que luego serán clave. Me refiero a que las pruebas para rescatar la piedra filosofal requieren habilidades que ¡oh, qué casualidad! poseen Ron, Hermione y Harry. Sí, se puede argumentar que es que Dumbledore lo dispone todo así porque sabe que ellos acudirán al rescate porque son clave en esta historia y bla bla bla, pero esta resolución del misterio es de manual, el puzzle se termina de encajar entero cuando estos tres ponen su talento a disposición, no antes ni tampoco prescindiendo de alguno de ellos. Por cierto, que si somos sinceros, lo de la piedra filosofal en este libro sale más en el título de la obra que en el propio libro. Es la aventura más chichinabesca y sin importancia de toda la saga, porque realmente la relevancia en esta historia la tienen otras cosas. Le sacamos la parte de la piedra y creo que nos queda la misma novela que nos roba el corazón. De verdad, cuando leía y veía que quedaban escasas páginas y que todavía no habían entrado en busca de la piedra, empecé a sospechar que Rowling se estaba quitando de encima ese muerto y terminando deprisa y corriendo esa trama para meter más chicha mágica y esperanzadora al final y terminar así el curso en Hogwarts. ¡Si es que la celebración del final de curso ocupa más páginas que la resolución de lo de la piedra!


Desconozco si Rowling tenía pensado todo lo que vino después o simplemente probó a ver si un mundo mágico así tenía éxito en el mundo editorial, pero aunque la propuesta es increiblemente buena y ya tiene pinta de estar bastante bien pensada, no es una obra ambiciosa en el sentido más peyorativo del término, pues de serlo no habría tenido una resolución tan ligera como acabo de comentar. En el buen sentido de la palabra, sí es ambiciosa porque abre las puertas a un mundo repleto de detalles que despiertan nuestra curiosidad y la elevan a lo más alto, queremos más, mucho más. En fin, pese a todo, Harry Potter y la piedra filosofal es la puerta de entrada a un mundo del que no querremos salir nunca, es un libro que nos da mucho más de lo que nos podamos imaginar, porque nos brinda la posibilidad de soñar con que un mundo mágico es posible. Historia "principal" chichinabesca, sí, pero un derroche de imaginación brutal y una sensación muy emocionante como no la ha habido en ningún otro libro de la saga. Y con este espíritu soñador voy a despedirme de vosotros hasta el próximo post que escriba sobre Harry Potter y la cámara secreta. Esto no ha hecho más que empezar...


¡Hasta el próximo curso en Hogwarts!

lunes, 11 de enero de 2016

Ziggy played guitar

Este lunes no podía empezar peor. Además de una serie de contratiempos familiares, me he enterado de la muerte de David Bowie por el mensaje de Whatsapp que me ha enviado una amiga. No me ha dado tiempo a asimilarlo, pues tenía la cabeza en otros asuntos que requerían mi atención en ese momento, pero una vez los he zanjado y he regresado a casa, me ha invadido una pena tremenda. Y ya cuando he encendido el portátil, he leído los mensajes de todo el mundo y, sobretodo, he puesto su música de fondo, entonces se me ha encogido el corazón. 

Como he expresado en mis redes sociales, en ocasiones hay personas a las que no conocemos en absoluto pero tienen el don de marcarnos profundamente, de definir lo que somos gracias a lo que ellos han hecho. La música, la literatura, el cine y cualquier otra expresión artística forman parte de nuestras vidas y van moldeándonos sin que nos demos cuenta. Pensad por un momento en quiénes seríais ahora de no haber leído tal o cual libro en algún momento de vuestras vidas, por poner un ejemplo. Ya lo dije una vez en un post, una vida carente de arte es una vida vacía y que pide a gritos que la llenen con los sentimientos más rápidos en llegar y ya sabemos que los malos van siempre un paso por delante. Afortunadamente, en mi entorno todos tenemos vidas llenas con esa luz que despiden los artistas y en este caso, tenemos un trocito de corazón teñido de varios colores y atravesado por un rayo por culpa del señor David Bowie. Por eso hoy no podemos dejar de sentirnos tremendamente apenados por su marcha, que no pérdida. No puedo hablar de pérdida cuando el legado que nos deja es tan bueno. Está claro que no se verá ya ampliado, pero creo que lo que hay es tan genial que podemos de algún modo consolarnos. Su ausencia es la que nos duele. 

Mi primer contacto con él, del que yo sea consciente, fue en su papel de Rey de los Goblins en la película de El Laberinto. Me daba miedo, mucho miedo y la película en general me producía mucho agobio. Nunca llevé bien el tema de las marionetas en la pantalla, y ya encerrada con ellas en un laberinto ni os cuento. Como colofón, el argumento de la película con el secuestro del hermano pequeño de la protagonista era el guión más terrorífico que podía haber para un niño. Creo que Bowie tuvo la culpa de que durante una época en mi infancia tuviera un miedo terrible a que mi hermano se perdiera o escapara de casa e iba todas las noches de madrugada a comprobar si seguía en su habitación. Y así es como conocí al Rey de los Goblins. No fue hasta mis años en la universidad que descubrí a David Bowie como tal. No me malinterpretéis, su música ya sonaba a mi alrededor desde que tuve uso de razón, por eso me sonaban muchísimas canciones suyas el día en el que me paré a escucharle de verdad. Es decir, le puse cara al responsable de tantos temas que había escuchado miles de veces antes. Desde entonces, desde que vi que lo suyo no sólo se limitaba a un puñado de canciones, sino que venía acompañado de unas letras apasionantes, temas que nos hacían soñar con alcanzar las estrellas y una estética muy particular, desde ese día me hice fan con todas las letras. También desde entonces digo que me encantaría verlo alguna vez en directo, como ya decía de querer ver a los Rolling Stones o a los Beatles que aun quedaban con vida (en 2004 cumplí uno de esos sueños y fui a un concierto de Paul McCartney). Ahora se me quedará el sueño a medias. 

En fin, necesitaba escribir este post para expresar la pena que hoy llevo dentro al igual que muchos de vosotros. Como decía, no se va un artista sin más, se nos va un pedazo de nuestras vidas. Y creo que cualquier persona amante de la música o el arte en general sabrá comprendernos hoy aunque no tuviera a Bowie tan adentro como nosotros. Descanse en paz.



¡Hasta el próximo post!

domingo, 10 de enero de 2016

Mi propio pequeño país #89

Son las 8 de la mañana y no es que haya madrugado, sino que no me he acostado aun. Mi hermano, mi primo y yo bajamos a las 12 horas de juegos que organizan las Jornadas Lúdicas de Alicante y nos hemos hecho las 12 horas de tirón y sin parón para cenar, de 6 de la tarde a 6 de la mañana. Si mis cansadas neuronas no me engañan, habremos jugado a unos 9 juegos de mesa diferentes. Nos lo hemos pasado en grande y hemos llegado a casa con un subidón tal, que aquí estoy aun en el portátil golismeando. Pero como en breve iré a la cama y amaneceré a las mil, prefiero colgar y compartir las viñetas de hoy, así que aquí las tenéis. Hoy son menos, que no tengo fuerzas de buscar más ahora diferentes.










 Traducción: Pesimista / Realista / Optimista. Nieve fresca. Compre ahora

















 Traducción: Sugiero que vayan con "diferencias irreconciliables"




¡Hasta el próximo post!