jueves, 3 de septiembre de 2015

Autor: Amélie Nothomb

Conocí a Amélie Nothomb por casualidad, en un acto de "rebeldía" estudiantil, y ahora no puedo estar más encantada por ello. Veréis, en las clases de francés de la Escuela de Idiomas del año pasado nos mandaron leer un libro en francés y había dos opciones para elegir una. Como disponía de poco tiempo, y mucho menos aun de ganas de leer algo en francés, y además acudía poco a clase porque tenía una agenda apretada (y luego caí enferma y en el hospital), pues decidí no leer nada. Pero un día, como la profesora amenazó con hacernos un examen del libro, corrí en busca de ambos títulos y descargué uno de ellos en pdf porque el otro tenía que comprarlo y pasaba olímpicamente de gastarme el dinero estando el otro gratis. El caso es que la profe, puesto que todos mis compañeros se habían comprado el otro libro, decidió declararlo lectura oficial. Por tanto, la segunda opción, que era el libro descargado que yo tenía, pasó a ser prescindible, pero me negué a que lo fuera. Amparándome en el derecho que tenía a elegir entre dos lecturas, en un acto de rebeldía me leí mi libro descargado, que resultó ser de la autora de la que os voy a hablar hoy, Amélie Nothomb. Fui la única que lo leyó y quedé un poco marginada en clase por ello, pero no me arrepiento de nada. Porque sí, al final no sólo entendí el libro a la perfección, sino que encima disfruté como nunca lo había hecho. Ahora he leído un segundo libro de esta autora y he vuelto a disfrutar de lo lindo, lo cual me conduce a permitirme la licencia de opinar sobre esta mujer con tan sólo dos obras suyas leídas. Sí, con todas mis fuerzas y mi emoción os digo que esta autora os va a gustar un huevo porque estos dos libros que he leído son la repanocha.

Si os he colocado en una posición en la que estáis deseando saber qué libros han sido para correr a leerlos y sentir lo mismo que yo, entonces me doy por satisfecha desde ya. Cuando recomiendo un libro me gusta primero transmitir cómo me he sentido yo con él o en qué circunstancias lo he leído y, ya luego, cuento de qué va. Creo que así consigo captar mucho más la atención de las personas con las que hablo y les transmito un cierto deseo por experimentar lo mismo que yo. Es entonces cuando suelto el título y en este caso estoy hablando de Estupor y Temblores (perdón, Stupeur et tremblements, que lo leí en francés) y Metafísica de los tubos

En cuanto al primero, ya os he contado que lo leí para la clase de francés y que me sorprendió lo bien que lo entendía todo a pesar de estar en francés. Tan sólo tuve que buscar 4 o 5 palabras en el traductor para poder continuar la lectura. Pero también me sorprendió lo mucho que fluía la lectura, pues devoré el libro en dos veces y eso que estaba leyendo incómodamente en la pantalla del portátil. Por su parte, el segundo libro tenía 144 páginas que leí de una sentada hace un par de días. Lo compré porque me encantó el anterior. Antes de deciros de qué van, os voy a poner un poco en antecedentes sobre esta autora:



Amélie Nothomb nació en Bélgica en 1966, aunque su familia pronto se fue a vivir a Japón. Su padre era diplomático y lo trasladaron a la embajada belga en Japón. Allí es donde ella se crió, aunque también y de nuevo por el trabajo de su padre, vivió en otros muchos países. El caso es que en los años 90 volvió a Japón a trabajar en una gran empresa. Fruto de sus experiencias en Japón nacieron los dos libros que hoy planteo.

Respecto a Estupor y Temblores, trata de las experiencias de la autora en esa empresa japonesa en los años 90. Pese a su talento, entró como una simple becaria y el tiempo que pasó allí lo empleó en tareas simples, algunas incluso humillantes. La protagonista de la historia lo pasó bastante mal, aunque por lo que deducimos del libro, siempre se tomó las cosas del mejor modo posible, con humor incluso. Y es que este libro derrocha humor por todas partes, en ocasiones rozando la ironía o el cinismo, la chica no se corta un pelo. Además, recurre a unas metáforas de lo más ocurrentes y a un tono tan dicharachero y alegre que nos hace engancharnos a la lectura. Precisamente la alusión que hace al "estupor y temblores" que da nombre al libro es digna de elogio. Es que todo en este libro es de un ingenio pasmante que he visto luego acentuado en Metafísica de los tubos. En fin, este libro me recordó a la peli El diablo viste de Prada, donde la pobre ayudante de la diva de la moda lo pasa realmente mal atendiendo las a veces imposibles tareas impuestas. Pero Estupor y temblores no ofrece una visión tan dura a priori (porque dura es) ni su desenlace es tan bonito como el de la película. Pero el caso es que tenemos a una jefa malvada encargada de hacérselo pasar mal a la protagonista. Hacedme caso y buscad el libro porque os lo vais a merendar en un momento y os va a gustar. No es que sea la obra del siglo, pero os va a entretener y me lo vais a agradecer.

Por otra parte, Metafísica de los tubos nos habla de la niñez de la autora en Japón. Mientras la anterior novela era más en plan memorias y era mucho más simple, en esta encontramos los mismos elementos metafóricos y humorísticos pero llevados al extremo. Es una obra de las de tirarse las manos a la cabeza cada vez que se emplea alguno de esos recursos. El humor es mucho más cínico y las metáforas, imposibles, pues partimos de la base de que la autora se considera Dios, aunque luego también dice ser una tubería. Sí, sí, como os lo digo, se señala a sí misma como un tubo, de ahí la metafísica de los tubos. Y no quiero contaros nada más por no estropearos la lectura, que con lo que os acabo de decir ya he dicho demasiado. Tan sólo repetir que se trata de la infancia de la autora y que, por tanto, encontraremos una serie de anécdotas contadas desde el punto de vista de una niña, aunque es una niña un tanto especial como ya comprobaréis, pero no deja de tener un tono pueril en muchas ocasiones, provocando la risa ante los comportamientos típicos de un niño de 3 años que está conociendo el mundo que le rodea y para quien todo es nuevo. En fin, me vais a permitir que sea tan escueta e incluso abstracta en mi comentario de este libro, pero como no es esta una reseña destripando el libro, no puedo decir mucho más. Eso tendréis que descubrirlo vosotros haciéndome caso. 

Leídos estos dos libros, me atrevo a decir que Amélie Nothomb es una autora cuyas novelas derrochan un humor ingenioso, un lenguaje sencillo con el que enseguida tomamos confianza y un tono irónico con figuras retóricas de lo más exquisitas. No es que sea la autora más grande del panorama literario o que destaque dentro de los libros superventas de cualquier momento o que haya creado algo nuevo y único, pero creo que desde donde está brilla bastante y es digna de elogio. Para mí ha sido todo un descubrimiento y creo que en breve habré devorado casi la totalidad de su obra, pues son novelas más bien cortitas. Y también creo firmemente que si os decantáis por leer alguna de estas dos obras suyas os convertiréis en fans absolutos como yo. Esta mujer, a la vista está por sus libros y sus portadas, debe estar como una cabra, pero eso está bien si nos va a dar obras tan excéntricas y geniales como estas. Si tecleáis su nombre en Google y veis las imágenes sabréis por qué digo que en su cabeza no debe haber nadie al volante. Pero todo eso la convierte en una crack, son locuras bien invertidas y aprovechadas. Vamos, cualquiera no saldría en las portadas de sus propios libros y poniendo caras que dan miedete. Así que, chapeau por ella. Me alegra haberme rebelado aquel día en la clase de francés para leer gratis Stupeur et Tremblements

Me recuerda un poco a la extravagante Yoko Ono

En fin, espero haberos transmitido las ganas por leer a esta autora, que de eso trataba este post más que de reseñar sus libros, porque no ha sido así, sólo he dado pinceladas a modo de recomendación literaria. Y sin más, os espero en los comentarios. A ver si algún día me escribís para decirme que me hicisteis caso.

¡Hasta el próximo post!

PD: Mientras escribía estas líneas y buscaba información puntual de la autora he descubierto que existe una película de Estupor y temblores. ¡Habrá que verla!

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